Recuerdos de la universidad, 1
Mi primera huelga estudiantil. Un dibujo y un microrrelato para un certamen literario
Cuando entré a estudiar Lengua y Literatura Españolas en la Universitat Autònoma de Barcelona, estaba en marcha una importante mobilización estudiantil. Protestaba contra el aumento del precio de las carreras universitarias y los recortes en los presupuestos educativos, que se imponían en esos momentos desde el gobierno. Nunca había participado de nada similar, y tenía, en general, pocas seguridades y muchos miedos por aquel entonces; pero me sumé a la mobilización: acudí a las asambleas de estudiantes, ocupé mi facultad, Filosofía y Letras, e incluso pasé una noche en un aula. A la mañana siguiente, se acercó un periodista del periódico 20 Minutos y nos preguntó, a mis compañeros y a mí, por lo que hacíamos. Con vergüenza por mi falta de convicción y con temor a lo que podía ocurrirme, acepté responder, con nombre y apellido, y la noticia todavía está colgada en internet. Hoy estoy orgulloso de haber dado ese paso. Después, seguirían muchas otras luchas.
Años más tarde, en 2015, se organizó en la facultad un concurso literario de poesía y microrrelato en el que colaboré. El primero llevaba el nombre de Jaime Gil de Biedma, autor, entre muchas otras cosas, de un poema titulado "Contra Jaime Gil de Biedma". El segundo se titulaba Ana María Matute, cuya obra Los niños tontos recomiendo a cualquiera, se considere tonto o listo. Yo, que tenía en ese momento 22 años, presenté dos textos al concurso, uno para cada categoría. No ganaron; pero, tras tantos años, sigo apreciándolos, porque en ese momento escribir era muy comprometedor y frustrante para mí, y fue un esfuerzo importante; y porque, como textos, mejores o peores (peores que mejores), ofrecen una imagen de quién era yo en aquella época. Para el concurso, también hice un dibujo, el de más arriba, que se me pidió para ilustrar el programa. En él, está representada Ana María Matute, de niña y ya mayor, ambas con su muñeco Gorogó, un regalo de su padre que conservó hasta el final. Os comparto el microrrelato:
El baño
Hasta hacía un momento conservaba incrustado en las manos tu olor, ya un poco ácido; tibias y rosadas como las de un niño, se abrirían de nuevo ahora las improntas de los dedos, en espera del tiempo.

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